ITINERARIOS Y TALLERES DE IDENTIFICACIÓN EN LAS JORNADAS MICOLÓGICAS

Este año hemos disfrutado de uno de los mejores otoños que se puedan recordar en la zona, al menos en cuanto a setas se refiere. Ya septiembre nos dejaba ver algún que otro ejemplar y octubre nos recibió con con la mayor explosión de boletos que pudiera imaginarse.
 Desde la asociación de educación e interpretación ambiental "Sol de Lobos" en colaboración con AEGA, nos hemos encargado de guiar los itinerarios micológicos las mañanas de los sábados y de impartir los talleres de iniciación a la micología e identificación taxonómica por las tardes. 

 Nuestro empeño ha ido encaminado a mezclar el esparcimiento con el conocimiento y la diversión con la concienciación, intentando conseguir que los asistentes se fueran con la idea de que los hongos son, además de un posible manjar, unos curiosos seres vivos de vital importancia para nuestros bosques y a los que es mejor tratar bien y recogerlos de forma sostenible si queremos seguir disfrutando de su regalo en los otoños por venir. De forma que sí, hemos acabado las mañanas con unos cuantos boletos, níscalos o capuchinas en la cesta pero además hemos disfrutado de un montón de colores, olores y formas de muchas otras setas que se han quedado ahí, en el suelo del bosque, cumpliendo su función. Y hemos tratado de esclarecer cual es esa función, ya sea descomponer la materia muerta en el caso de las saprófitas o colaborar con las raíces de las plantas de forma simbiótica en el caso de las micorrizas. Nos hemos fijado también en los mil detalles que nos permiten diferenciar géneros o especies: los característicos pies de las rúsulas, el látex de diferentes colores de los lactarios (entre los que se incluyen los níscalos), los poros del himenóforo de casi todas las boletáceas o la distinta adherencia de sus cutículas, el color de las láminas de los Agaricus (fundamental para recolectar champiñones sin riesgo), el tamaño que debemos asegurar en las macrolepiotas, las diferentes volvas y anillos de las amanitas, los sutiles dibujos en la cutícula de algunos Trricholomas que nos interesan...

 También este año nos sorprendieron muchas, algunas por su tamaño exagerado y otras por su rareza. Entre éstas vimos, por ejemplo, algunos boletales que no estamos acostumbrados a observar en la zona, como un Porphirellus porphirosporus o algunos Suillus flavidus.

En resumen, desde nuestro punto de vista, ha sido una experiencia muy positiva. Quisimos realizar estas actividades en grupos reducidos (un guía por cada 12 personas aproximadamente) para que realmente fueran actividades de calidad con una atención lo más cercana posible y que cumplieran los objetivos perseguidos de formación y concienciación en un ambiente ameno y distendido a la vez que ambientalmente sostenible. La prioridad fue esa y no la simple recolección, que se hizo en su justa medida y principalmente de cara a surtir el taller de identificación de la tarde o a apoyar las clases de cocina de los domingos, aunque también hubo asistentes que pudieron llevarse algunas setas para su degustación.

Queremos por último agradecer a los organizadores y colaboradores (AEGA y Ayuntamiento de Cercedilla) su disposición para que esto fuera posible y felicitarles por este tipo de iniciativas


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